17 julio 2006

Irun es un yacimiento romano excepcional


MERTXE URTEAGA | DIRECTORA DEL MUSEO OIASSO DE IRUN

«Irun es un yacimiento romano excepcional»

El jueves se abrirá la gran apuesta irundarra por el mundo romano, un museo que lleva diez años gestionándose y ha levantado grandes expectativas.

La inauguración del Museo Romano Oiasso está cerca. Tanto que la actividad en el interior del mismo es frenética, ultimando cada uno de los detalles, en un esfuerzo notable para que el próximo jueves, el gran día después de 10 años de gestiones y trabajo, nada falle. Mertxe Urteaga es la directora de Oiasso y aunque tampoco descansa estos días, se tomó un respiro para contar qué es y qué contiene el nuevo museo irunés.



- Además de la actividad de los romanos en Irun, el Museo habla de la realidad cultural anterior a la romanización...

- Perdona, pero tenemos que empezar a descartar ese término de romanización.

- ¿No es correcto?

- No, no lo es. Hace referencia a la inculcación de hábitos por parte de los romanos en los indígenas, a su aculturación. Se plantea como una iniciativa de reeducar a los lugareños y modificar sus hábitos de vida. En realidad poco le importaban al romano los indígenas. Sólo quería las riquezas del suelo al que llegaba: la minería, la agricultura, la ganadería, la pesca. No le interesaba educar a los que allí residían; sin embargo, es cierto que éstos trataban de imitarles porque apreciaban las diferencias entre unos y otros y querían llevar la confortable vida romana. El debate está superado y se habla ya de romanidad en lugar de romanización

- Bien, en ese caso, ¿encontramos en Oiasso reflejo de la actividad pre romana?

- Sí, pero sobre todo, encontramos el impacto de la llegada del mundo romano aquí. Lo que sabemos de los indígenas vascones, incluso tal denominación, lo sabemos por los romanos. Escritos de Estrabón, de Plinio el Viejo, de Tiberio, Ptolomeo... ya mencionan Oiasso. Estrabón incluso describe a sus gentes. Los caracteriza con comportamientos de vida muy rudimentarios, pero también es posible que lo hiciera para justificar una serie de supuestas mejoras debidas a Roma.

- ¿Hay restos de aquella actividad?

- En el museo no, porque aún no los hemos encontrado. Ese apartado relativo al contacto entre los dos mundos se explica mediante documentos audiovisuales y reconstrucciones 3D, pero sin objetos reales. Para ver restos hay que dirigirse a la tercera planta.

- ¿Qué hay allí?

- Son 500 metros cuadrados dedicados a la ciudad de Oiasso. Por un lado, tenemos un espacio dedicado al puerto que existió en Irun, con restos de los que encontramos en las excavaciones arqueológicas que realizamos en los años 1992 y 1993. Presentamos unidades sobre el comercio romano, su navegación y sobre pesca. Además proyectaremos continuamente un trabajo audiovisual de unos 12 minutos. La otra gran sala se la dedicamos a Oiasso como ciudad.

- ¿Saben cómo era aquella ciudad romana?

- Sabemos cosas. Podemos hablar de la dieta, la indumentaria, la vida privada de sus habitantes, las creencias religiosas, la construcción... También aquí hay tres unidades especiales. En una se habla de la herrería, valiéndonos de los restos del taller de un herrero que encontramos no muy lejos del museo. En otra de la minería, de la que existe información gracias a todo el trabajo que se ha hecho en Aiako Harria. La tercera es sobre la siderurgia. Además de todo eso, vamos a colocar una maqueta de 3x2 metros de la ciudad.

- ¿De Oiasso?, ¿pero se sabe ya cómo era?

- En realidad la maqueta es la proyección de los resultados de las investigaciones que ha realizado Arkeolan durante tantos años sobre lo que era la ciudad romana de Oiasso. Es casi una herramienta de trabajo de carácter interno que hemos accedido a colocar con la condición de que sea modificada a medida que los avances en las investigaciones lo sugieran, y sabiendo siempre que algunos de los datos están sin confirmar. Es una maqueta viva que avanzará en rigor y precisión.

- El museo se nos acaba y aún no sabemos cómo ni cuándo se fueron los romanos.

- En realidad hemos dejado un espacio para lo que llamamos el epílogo. Ocurre que el auge de la ciudad se dio en los siglos I y II. En el tercero entró en crisis y, de hecho, tenemos ya muchos menos restos de esa época que de los dos siglos anteriores. Del IV hemos encontrado aún menos y del siglo V nada de nada, al menos hasta ahora. Lo que sí sabemos es que la actividad marítima por esta zona seguía activa, que seguía habiendo rutas.

- ¿Han perdido la esperanza de encontrar algo de esa época?

- Ni mucho menos. Seguimos buscando. No tenemos nada de la era prerromana ni de la postromana pero creo que acabarán apareciendo. Si algo ha demostrado la arqueología es que prácticamente todos los hechos dejan alguna evidencia. Y si la hay, la encontraremos.

- Es decir, que la investigación continúa después del museo.

- Claro. El jueves abre sus puertas y parece que ya está, que ya se ha conseguido, el público puede venir a ver lo que tenemos y se acabó. Pero eso no es así. Hay un contexto más allá de eso. Queremos conseguir un conocimiento suficiente, una información suficiente, como para colocar a Irun en el mapa de la arqueología romana.

- ¿Tan importante es el pasado romano de Irun?

- Lo que tiene esta ciudad es que es un yacimiento arqueológico excepcional. Tiene unas condiciones muy especiales que ayudan a la conservación. ¿Cómo ha resistido tantos años la madera del puerto sin descomponerse? Gracias a la humedad, al barro, al limo del que estaba rodeado todo el embarcadero romano. Hemos encontrado cuero y otros materiales que en cualquier otro sitio habrían desaparecido. Por no hablar de los yacimientos mineros. Se ha trabajado mucho en ellos, pero creo que no es nada en comparación con lo que aún puede salir de ahí. Con todo, ya podemos colocarlos entre los principales de la península. Ahora, es una de mis tareas como directora del museo, hay que ir profundizando en la investigación con el museo como motor.

- ¿Podríamos decir que Oiasso es el reflejo del apoyo institucional del Ayuntamiento?

- Sí, y además es de agradecer, porque en Gipuzkoa, en todo el País Vasco, el de Irun ha sido un caso excepcional en lo que se refiere al mundo romano y a la arqueología romana. Lo que después se ha hecho en otras localidades (Zarautz, Getaria...) se debe al impulso que generó Irun, que trajo aire fresco a los investigadores de la romanidad. Si ahora no se discute la arqueología romana en Gipuzkoa es gracias a Irun.

- Al margen de las intenciones de investigación futuras, ¿cuál es la realidad presente de la que parte Oiasso?

- ¿Cuántos museos de arqueología romana de 1.500 metros cuadrados hay en el Estado?, ¿y en Europa? Muy pocos. Aquí, Tarragona, Mérida, Zaragoza, León, quizá Gijón... En la costa levantina, por temas turísticos, hay en Santa Pola, Sagunto... pero de 1.500 metros cuadrados, los que he dicho antes. Y Irun, claro.

- Visto el aspecto de ser un 'todo' que tiene este museo, no parece que tenga sentido preguntarle por cuál será la pieza estrella.

- No tiene ningún sentido, porque esto no va de piezas estrella. El museo no tiene grandes piezas, ni demasiadas piezas siquiera. No tenemos grandes mosaicos ni espectaculares esculturas. Que nadie se lleve a engaño. Aquí tenemos piezas pequeñas; hay tachuelas, anzuelos y agujas; suelas de calzado, el mazo de madera de una embarcación y la soga de otro. El valor de Oiasso es el conjunto y la contextualización de todos sus elementos. La gente va a tener que hacer un esfuerzo por pensar que lo que hay aquí es muy cotidiano, pero romano; de hace 2.000 años. Muy en consonancia con lo que es Irun y su entorno; quizá algo más marinero que lo que es hoy.

- Y en esa realidad de museo ¿qué tipo de público se espera?, ¿un público general o uno más experto, más académico?

- Está ya muy comprobado que los especialistas son sólo entre el 1 y el 2% de los visitantes de un museo. No está dirigido a ellos; está dirigido al gran público. Otra cosa es que se ha tratado de lograr la satisfacción de los especialistas. Algún gazapo se nos puede haber escapado, pero si de algo podemos presumir es de estar siendo muy rigurosos para que esos especialistas estén satisfechos, porque ellos son altavoces para el público general al que nos dirijimos. De hecho, nuestro lenguaje, aunque riguroso, es coloquial y literario.

Fuente: Diario Vasco

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